La franquicia como modelo de negocio en tiempos de crisis sanitaria

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Por Guiomar Alejo, abogada de Iuris27

En épocas de crisis económicas profundas, donde las tasas de desempleo crecen de forma extraordinaria, el emprendimiento o la creación de empresas se convierte en una de las opciones de salida profesional frente al trabajo por cuenta ajena.

Lo cierto es que la creación de un negocio siempre comporta riesgos que aumentan si se hace en un clima económico incierto, como el de una pandemia mundial. De hecho, se estima que el 47% de los emprendedores autónomos que pone en marcha un proyecto fracasa a los tres años, porcentaje que aumenta al 62% a los 5 años.

Desde el mes de marzo de 2020 la Seguridad Social ha registrado más de 150.000 empresas que han causado baja debido al coronavirus; sin embargo, analizando el panorama empresarial, parece que hay ciertos modelos de negocio que han afrontado con mejores resultados la situación de incertidumbre.

El modelo de negocio al que nos referimos es la franquicia. Si bien algunas de estas también se han visto afectadas por la crisis, lo cierto es que, si las comparamos con empresas pequeñas, están consiguiendo sostenerse y, en muchos casos, incluso aumentar exponencialmente su volumen de negocio.

Lo que hace que las franquicias puedan llegar a ser un modelo de negocio más sólido que otros son sus propias características.

Entre los derechos básicos del franquiciado encontramos que tiene pleno derecho de uso de la marca para desarrollar la actividad de la empresa, además de recibir asesoramiento por parte del franquiciador y poseer la exclusiva de la zona geográfica y el uso del Know How para la explotación del negocio.

El franquiciado no adquiere solo derechos, sino también obligaciones, tales como mantener la exclusiva de la oferta, de modo que no puede ofrecer productos distintos ni competidores y ha de realizar el pago del canon de la franquicia y otros adquiridos a la firma del contrato de franquicia. También se debe mantener la confidencialidad y el Know How, así como seguir las normas estipuladas en los manuales de la franquicia, preservar la imagen de la marca cuidando la decoración del local y todo lo relativo a la misma, así como permitir supervisiones periódicas económicas por la central, información que el franquiciado está obligado a compartir.

A grandes rasgos, lo cierto es que, aunque el franquiciado tiene obligaciones para con el franquiciador que limitan su libertad empresarial, obtiene derechos que, claramente, aportan al negocio, desde el inicio, una base sólida sobre la que sostenerse con la que, obviamente, no cuentan las pequeñas empresas independientes, y este es el motivo principal por el que, en situaciones de crisis, la supervivencia de las franquicias suele ser superior a la del resto de negocios.

Crear un negocio no es una actividad apta para todos los públicos, pues requiere de un previo y profundo estudio y planificación; por esto, abrir una franquicia puede ser una buena alternativa para lanzarse al mundo del emprendimiento en estos momentos de crisis donde la inseguridad económica es patente.

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